Latitud de selección

«CON LAS ‘APPS’ DE CITAS LLEGAS A NO NO TENER NINGÚN RESPETO POR LA OTRA PERSONA»

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Entonces se busca decididamente la hermosura.

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Habla joven: ¿Cómo la pandemia ha cambiado tu vida?

El amor se me aparecía como una tutela. TOP Nina Dean es una joven que vive en Londres, tiene 32 años y decide estrenarse en el mundo de las aplicaciones de citas. Era una solemnidad de esas que, con mucha antelación, son expectación de los saltimbanquis, de los prestidigitadores, de los domadores de bichos y de los vendedores ambulantes, para compensar los malos tiempos del año. Cobardemente se rinde el mundo estupefacto y duerme la siesta, siesta que es una especie de muerte sabrosa en que el dormido, despierto a medias, saborea los placeres de su guerra. Por unas horas hemos de gozar el silencio, si no el vacaciones. Yo, por saber dónde vivían, los seguí de lejos hasta el limítrofe del bosque; sólo allí llegué a comprender que no vivían en ninguna parte.

Poemas en prosa / Charles Baudelaire; traducción del francés por Enrique Díez-Canedo

Conocí a una tal Benedicta, que llenaba la atmósfera de ideal y cuyos ojos derramaban deseo de grandeza, de hermosura, de gloria, de todo lo que lleva a creer en la inmortalidad. Y los dos niños se reían de uno a otro, fraternalmente, con dientes de igual blancura. Época una solemnidad de esas que, con mucha antelación, son esperanza de los saltimbanquis, de los prestidigitadores, de los domadores de bichos y de los vendedores ambulantes, para compensar los malos tiempos del año. La pandemia ha llevado a muchos a replantearse estar en las grandes ciudades, una decisión que en la novela toma una pareja amiga de la protagonista. La estancia paradisíaca, el ídolo, la soberana de los ensueños, la Sílfide, como decía Renato el grande, toda aquella magia desapareció al golpe brutal del espectro. Absorben sin querer su parte de esa atmósfera de despreocupación. Al anochecer, un poco fatigada, quisisteis sentaros delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin acabar. No sé

La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. No sólo me había enternecido aquella familia de luceros, sino que me avergonzaba un baza de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Un olor infinitesimal, exquisitamente elegido, al que se mezcla una levísima humedad, carencia en la atmósfera, donde mecen al espíritu adormilado sensaciones de invernadero. Ameno por tantas bondades, le pedí noticiario de Dios y le pregunté si le había visto recientemente. Déjame grabar mucho tiempo tus trenzas, pesadas y negras. La muñeca quedó decapitada en seco.

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No sólo me había enternecido aquella comunidad de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Hay en nuestras razas parlanchinas individuos que aceptarían con menor alergia el suplicio supremo si se les permitiera lanzar desde lo alto del patíbulo una copiosa arenga, sin alarma de que los tambores de Santerre les cortasen intempestivamente la palabra. Así me tuvo por mucho tiempo en éxtasis. En el océano de tu cabellera entreveo un puerto en que pululan cantares melancólicos, hombres vigorosos de toda nación y navíos de toda forma, que recortan sus arquitecturas finas y complicadas en un cielo inmenso en que se repantiga el infinito calor. Yo fui quien la enterró, bien guardada en un féretro de madera perfumada, incorruptible como los cofres de la India. Hay mujeres que inspiran deseos de vencerlas o de gozarlas; pero ésta infunde el ambición de morir lentamente ante sus luceros. La amplitud del cielo, la edificación móvil de las nubes, el colorido cambiante del mar, el centelleo de los faros, son prisma adecuado maravillosamente para distraer los ojos sin cansarlos nunca. El niño, en cuanto se le lavó, se quedó hecho un encanto, y la vida que adosado a mí llevaba lo parecía un paraíso en comparación con la que hubiera tenido que soportar en el tugurio paterno.

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