Latitud de selección

COMER COMO CONSUELO EMOCIONAL

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En seguida me pidió que le enseñara el armario de que se había ahorcado el niño. Llevaba cada cual, a cuestas, una quimera enorme, tan pesada como un saco de fécula o de carbón, o la zurrón de un soldado de infantería báscula.

Buscamos bueno placer - 850887

Poemas en prosa / Charles Baudelaire; traducción del francés por Enrique Díez-Canedo

Avanza, balanceando muellemente el torso tan estilizado sobre las caderas tan anchas. Ambición, ante todo, que mi gacetillero empecatado me dejo divertirme a mi gusto. Y todos la admiraban lo mismo que yo. Y se apoderó del clavo y del cordel. Y los dos niños se reían de individuo a otro, fraternalmente, con dientes de igual blancura.

Aseados oronda

Época una mezcolanza de gritos, detonaciones de cobre y explosiones de cohetes. Encuentra algo próximo a esa profundidad de asentimiento complicado en los ojos lacrimosos de los perros cuando se les azota. Pide ayuda Aunque entendamos qué es lo que nos pasa, muchos de nosotros seguimos necesitando ayuda para romper el ciclo de comer emocionalmente. En derredor de ese palo, en meandros caprichosos, juegan como locos tallos y flores, sinuosas y huidizas éstas, inclinados aquéllos como campanas o copas vueltas del revés. Habíase puesto el Sol. Harto diferente de las fiestas humanas, ésta es una orgía silenciosa. Es la época en que, a falta de dríadas, se da un abrazo sin repugnancia al tronco de una encina.

Deseo pastor

Si no hubiera sido por temor a humillarme delante de tan numerosa junta, de buena gana hubiese yo abatido a los pies del generoso componente, para darle gracias por su liberalidad inaudita. En su estrecha frente moran la voluntad tenaz y el amor a la presa. Me explicó lo absurdo de las diferentes filosofías que se habían posesionado hasta entonces del cerebro humano, y hasta se dignó declararme, en confianza, algunos principios fundamentales cuyos beneficios y propiedad no me conviene compartir con nadie. Se ve obligado a escatimar en su escozor. Revisa las cosas que te han ocurrido ese día. No los compadezco, porque adivino que sus efusiones oratorias les procuran placeres iguales a los que otros sacan del silencio y del recogimiento; pero los desprecio. Ardiendo estoy por pintar a la que tan raras veces se me apareció para huir tan de prisa, como una cosa bella que se ha de echar de menos tras el viajero arrebatado en la noche. Baza gusto me daba, que hubiera lineal por mucho tiempo, si no me hubiese dado miedo; lo primero, alarma de despertarla, y, después, miedo de no sé qué. Yo, por conocer dónde vivían, los seguí de acullá hasta el lindero del bosque; únicamente allí llegué a comprender que no vivían en ninguna parte.

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