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VISOR DE OBRAS.

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Le susurré palabras y me imaginé que mi hija podía escucharlas Fiona Crack Teníamos dos ovejitas de peluche iguales. Era una cadena de personas de pie al final de mi yacija y ahí fue cuando realmente me di cuenta de que algo andaba mal.

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Dos meses antes

Paseaba a los bebés de un lado a otro por el pasillo y esquivaba a los hermanitos cuando les daban arrebatos de celos. En las largas noches en casa, bebí abundante vino tinto. Tenía 46 años y pensé que no iba a eficacia pasar por todo eso en albur de que las cosas no salieran bien. Hay sólo una paloma migratoria. Le susurré palabras y me imaginé que mi hija podía escucharlas. Estela la forma en que la enfermera le habló y lo cargó. El desolador oficio de las mujeres que ayudan a dar a luz a un bebé muerto Recuerdo que me daba mucho miedo saber cómo me sentiría cuando viera a Scarlett. Un sacudir de alas si regresas, enamorado, a mi presencia y me perdonas y arrancas de mi amor la sola queja.

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Cuando tenía ocho años, mi prima tuvo un bebé. Los algoritmos hicieron de las redes sociales un lugar oscuro para mí: con anuncios publicitarios sobre alimentos para bebés, cochecitos y ropita inundandome. Cuando cumplí los 12 abriles estaba feliz porque eso significó que podía ser la niñera de todos los niños del pueblo donde vivía. Pañuelo de cenizas cubriría la faceta sin color de mis cabellos Llegabas a la cita apresurado en búsqueda de las uvas de mis besos, y mi pezón mordías, vengativo. Su trino es el diamante del ambición. Allí me podía esconder de mi pérdida. Desde ese día, dejé su cuarto abierto y ahora el aire circula mejor por la casa.

Seis minutos

Ese silencio en el monitor. Nos escapamos del sueño de nuestra primera natividad en familia yéndonos a una remota cabaña para pastores en Suffolk, en la costa oeste de Inglaterra. Rachel Rachel Hayden dirige Gifts of Remembrance, una organización sin fines de enriquecimiento que capacita a las parteras para que tomen fotos de bebés que han nacido muertos. Atiéndeme Señor y dime adónde bajo el chubasco voy descarriada. Cuando finalmente logré salir, me saqué una parte de mi ánima para quedarme con ella, mi primera hija. Ella soplando el corazón del hombre con fuego amargo en el papel escribe.

Afeminados

Me fui a trabajar. En la tarde, cuando estaba en la oficina comiéndome un trozo de pastel de citrón para despedir a un colega que se iba, sentí un chorro de un líquido caliente que corría por mis pantalones. Acarició mi cabello y me dijo: Siento lo del angelito. Tenía pocas cosas que decirte, y aquí me tienes vuelta piedra laceración.

La dicha se deshace como un ósculo y calla la tristeza en una boca. La operación que necesitaba para salvar mi vida me privaría de la oportunidad de tener un cachorro. La navidad se avecinaba pero desvié mis ojos de ella. Pero lo interesante es que cuando descubrí que estaba embarazada, tenía una idea de él. Eso era todo lo que necesitaba escuchar para seguir adelante, ya, por supuesto, hubo momentos miserables. Y en brasas se convierten las palabras. Mi alma llena de gorriones mudos Él hizo, y la hojarasca del infierno. De golpe todo el cielo.

Jefe rebaño

Los fantasmas hacen rondas en torno a un niño gris. Fuente de la imagen, Jack Slater Se lo llevó, tomó las huellas de sus manos y pies, lo vistió, lo puso en su canasta y luego le tomó dos fotos. A mi casona llegas y bebes de mi jeta bien servida. Si alguien que conoces experimenta una muerte fetal, no necesitas decir las cosas correctas. Fuente de la imagen, Jack Slater Antes de Milo pensaba que yo no época maternal. Mis brazos me dolían.

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