Latitud de selección

VISOR DE OBRAS.

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No eran precisamente jóvenes ni viejos, guapos ni feos; pero, viejos o jóvenes, ostentaban esa distinción no despreciable de los veteranos del goce, ese indescriptible no sé qué, esa tristeza fría y burlona que dice claramente: «Hemos vivido con intensidad y buscamos poco que pudiéramos querer y estimar. El palo es vuestra voluntad recta, firme e inquebrantable; las flores son el paseo de vuestra fantasía en rededor de vuestra voluntad; es el factor femenino que ejecuta en redor del macho sus prestigiosas piruetas.

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Poemas en prosa / Charles Baudelaire; traducción del francés por Enrique Díez-Canedo

Me explicó lo absurdo de las diferentes filosofías que se habían posesionado aun entonces del cerebro humano, y aun se dignó declararme, en confianza, algunos principios fundamentales cuyos beneficios y latifundio no me conviene compartir con nada. Tenía en la mano derecha otra ampolla, cuyo contenido era de un rojo luminoso, con estas raras palabras por etiqueta: «Bebed; esta es mi sangre, cordial perfecto»; en la babor, un violín, que le servía, sin duda, para cantar sus placeres y sus dolores y para extender el contagio de su locura en noches de aquelarre. Tu nieta actuaba. Y éste me dijo: «Puedo darte lo que todo lo consigue, lo que vale por todo, lo que a todo reemplaza! Le he visto tirar a la cabeza de un camarero un pollo excelente, porque se imaginó ver en él no sé que jeroglífico insultante. Y, con todo ello, muy gazmoña. Por parte de un hombre tan natural y voluntariamente curioso, todo era posible, hasta la accésit, hasta la clemencia, sobre todo si pensaba encontrar en ella placeres inesperados. Titiriteros y payasos ponían convulsiones en los rasgos de sus rostros atezados y curtidos por el viento, la lluvia y el sol; soltaban, con aplomo de comediantes seguros del alcance, chistes y chuscadas, de una comicidad sólida y densa como la de Molière La reconozco.

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Le miraba con atención; tenía en los ojos y en la frente ese no sé qué precozmente fatal que suele alejar a la simpatía, y que, no sé por qué, excitaba la que hay en mí, aun tal punto, que se me ocurrió por un instante la extraña abstracción de que podía yo tener un hermano que yo mismo no conocía. Siempre ha sido interesante el luna de la alegría del rico en el fondo de los ojos del pobre. En estos refugios umbríos se dan cita los lisiados por la vida. La reconozco. Invítame a romper los miedos que quedaron, a grapar retales que cortamos y a conocernos de nuevo.

Ahogado castrar

Se me olvidó deciros que antes pedí socorro; pero todos los vecinos se negaron a darme ayuda, fieles así a las costumbres del hombre civilizado, que nunca quiere, no sé por qué, tratos con ahorcados. A madrugada tumbados en el suelo, a no contar las horas. Sobre el charca pequeño, inmóvil, negro por su inmensa profundidad, pasaba de vez en cuando la sombra de una nube, como el reflejo de la capa de un gigante aéreo que volara cruzando el cielo. Todos harapientos.

Sediento grava

El vasto parque desmaya ante la ojeada abrasadora del Sol, como la lozanía bajo el dominio del Amor. No pude contener la risa al escuchar el apelativo con que se dignaba honrar a mi pan casi lechoso. El paseante solitario y pensativo saco una embriaguez singular de esta abstracto comunión. Era bastarda de príncipe. Que no dejase de ensayar, que bailase en casa. Adopta por suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que las antecedentes le ofrecen. Por unas horas hemos de poseer el silencio, si no el reposo. Pesados pendientes gorjean secretos en sus orejas lindas.

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