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SEIS POEMAS DE AMOR DE JORGE LUIS BORGES

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En días así, el pueblo me parece que se olvida de todo, del dolor y del trabajo; se vuelve como los niños.

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Poemas en prosa / Charles Baudelaire; traducción del francés por Enrique Díez-Canedo

En seguida me pidió que le enseñara el armario de que se había ahorcado el niño. Tengo demasiado sentimiento de la equidad para pegar, ultrajar o despedir a un servidor acrisolado. Goza el poeta del incomparable bula de poder a su guisa anatomía él y ser otros. Díjose aquello, en tono sobrado serio, por un hombre de aspecto tranquilo y reposado, de fisonomía casi clerical, infelizmente iluminada por unos ojos de color grisáceo claro, ojos cuya mirada dice: «Quiero», o «Es necesario», o «Nunca perdono. Pero un golpe terrible, pesado, resonó en la puerta, y, como en sueños infernales, me ha parecido admitir un golpe de azadón en el estómago. Princesa y vagabunda, garganta profunda Y entonces llegó el siglo XX.

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Princesa y vagabunda garganta profunda

Diríase que una luz siempre en acrecentamiento da a las cosas un llamarada cada vez mayor; que las flores excitadas arden en deseos de batir con el azul del cielo por la energía de sus colores, y que el calor, haciendo visibles los perfumes, los levanta hacia el divo como humaredas. Toma en ella el alma un baño de pereza bienoliente de pesar y de deseo. El monstruo aquél, el que grita a voz en cuello, con un bastón en la mano, es su esposo. Sobre el lago pequeño, inmóvil, bruno por su inmensa profundidad, pasaba de vez en cuando la sombra de una nube, como el reflejo de la capa de un gigante etéreo que volara cruzando el cielo. Alcohol, por fin, un médico, y declaró que el niño estaba muerto desde hacía varias horas. Llueve abundante muselina delante de las ventanas y adelante del lecho; derramase en cascadas nivosas. Pero al día siguiente recibí un montón de cartas: una de inquilinos de la casa, otras de casas vecinas; una del piso primero, otra del segundo, otra del tercero, y así sucesivamente; unas en estilo semichistoso, como si trataran de disfrazar con una chacota aparente la sinceridad de la petición; otras de una fastidio descarada y sin ortografía, pero todas dirigidas a lo mismo, esto es: a lograr de mí un bocado de la funesta y beatífica cuerda. Tanto gusto me daba, que hubiera seguido por mucho tiempo, si no me hubiese dado miedo; lo frontal, miedo de despertarla, y, después, alarma de no sé qué.

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Un verdadero país de Jauja, te digo, donde todo es rico, limpio y reluciente como una buena conciencia, como una magnífica batería de cocina, como una orfebrería espléndida, como una orfebrería policromada. La estancia paradisíaca, el deidad, la soberana de los ensueños, la Sílfide, como decía Renato el grande, toda aquella magia desapareció al golpe brutal del espectro. Enfrente mismo de nosotros, en el arroyo, estaba labrado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barbilla canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. A veces la echo de menos: hubiera debido casarme con ella.

1. Tienes tu acento desde que naciste

No eran precisamente jóvenes ni viejos, guapos ni feos; pero, viejos o jóvenes, ostentaban esa distinción no despreciable de los veteranos del goce, ese indescriptible no sé qué, esa tristeza fría y burlona que dice claramente: «Hemos vivido con intensidad y buscamos poco que pudiéramos querer y estimar. El que, temeroso de que el arquero le dé una noticia triste, se pasa una hora rondando su batiente sin atreverse a volver a casa; el que conserva quince días una carta sin abrirla o no se resigna hasta pasados seis meses a dar un paso necesario desde un año antes, llegan a sentirse alguna vez precipitados bruscamente a la actividad por una fuerza irresistible, como la flecha de un arco. La compararía a un sol negro si se pudiese concebir un astro negro advertido de verter luz y felicidad. El que no sabe poblar su bloqueo, tampoco sabe estar solo en una muchedumbre atareada. Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad.

2. De dónde viene la voz

Entonces vi claro que había querido actuar al mismo tiempo una caridad y un buen negocio; ganarse cuarenta sueldos y el corazón de Dios; alcanzar económicamente el paraíso; lograr, en fin, gratis, credencial de hombre caritativo. Se me olvidaba deciros que el elenco, en casos tan solemnes, es sin apelación, y que no hay facultad que pueda rehusarse. Vencer o boquear, como dice la Política; tal disyuntiva me imponía el destino. Aunque poco me avergüence el recuerdo, nada puedo olvidar; y si no te hubiese conocido, viejo monstruo, tus cuchillos misteriosos, tus ampollas equívocas, las cadenas que te traban los pies, son símbolos que explican con claridad bastante los inconvenientes de tu amistad. El luna. Como explica la sexóloga e instructora Kimberly Smith a ' Men's Health ', recientemente ha agregado una clase de felaciones a la que van a aprender mujeres desde los 18 a los 60 años. Lo que verdaderamente nos atañe es que en esa época se estrenó la binza 'Garganta profunda'. La palabra.

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