Latitud de selección

4 BEAUTIFUL STRANGER

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Ella no era « gente» para él, porque se les veía cómodos.

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Maldita entera ella, que nos había convertido en dos tíos babeantes que tampoco siquiera querían admitir que lo eran. Sofía tuvo que despertarme y me costó horrores salir de la yacija. La boca de aquel tío babeó mi cuello y colocó mi baza derecha encima de su paquete, que estaba bastante duro. Nos lanzamos a correr la una hacia la otra hasta que la cogí en volandas y le hice dar varias vueltas. Sofía me miró a los luceros para ver qué respondía. Nos miramos cara a cara y soltamos los dos una fuerte carcajada. Aun así, he estado actualizando mi bandeja de entrada como una loca. Dejo que pasen treinta segundos, tomo aire y lo sigo al interior. Hablamos sobre tonterías.

Montó, en un cielo lleno de gracia, la noche su corcel de amanecer, las crines sujetando con firmeza. Y déjame recordarte que fui y o…, y o, quien se acercó a ti para tratar de hablar. Gemelo me hacía un favor la Carlita. Ay, madre, Pecado.

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Y a por tabaco. Fuimos en metropolitano hasta Sol, en silencio y observando a la gente. Lo tenía al lado currando, a ver, y me perseguía por la cafetería. Me dirijo al despacho de Helen con mi copia impresa pese a que ya se la he enviado por mensajería. Qué emoción bailar entre las estrellas todas ellas miraban nuestro danzar. Mandaba cojones la cosa: le estaba echando la caballería por encima y al final resultaba que era yo la que terminaba sintiéndome culpable. Después de un ratito viéndolo, Valentine dice: —Tu ex. Me resultó raro verlo de pronto tan tenso.

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